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Vida en la Plaza

A lo largo del año, la cultura catalana se desarrolla en los espacios públicos y fomenta la convivencia, es decir, vivir juntos y respetar las diferencias. Puede parecer paradójico, pero en los pueblos y ciudades de Cataluña la vida cotidiana gira en torno a un calendario cívico marcado por las fiestas de sus santos patrones, las festes majors. Las calles se llenan de gente, puestos de comida y productos típicos. También se organizan pasacalles en las principales plazas, avenidas y ramblas. Los gigantes vestidos con telas suntuosas y adornados con joyas bailan a paso lento, y los diablos llevan capas negras y organizan espectaculares.

Durante otras épocas del año, la gente ocupa activamente el espacio público paseando por las plazas de los pueblos por la noche, llenando las calles y los cafés de las ciudades, participando en eventos culturales tradicionales como las torres humanas “castells”, jugando al fútbol y practicando taichi en los parques. El hecho de compartir todas estas experiencias en el espacio público ha impregnado la vida social catalana de un fuerte sentimiento de solidaridad.

Esta convivencia hace que la gente comparta el espacio público, a la vez que expresan y exploran sus diferencias activamente. El espectáculo cívico de las festes majors permite que personas de diferentes clases y orígenes puedan compartir una vida social. Hace más de un siglo que una tradición de protestas sociales también reúne a personas diversas entre sí, en manifestaciones periódicas para expresar ideologías políticas de diferente signo.


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